En los últimos años la izquierda viene atacando la base estructural de la sociedad, que no es si no la misma LA FAMILIA, y esto lo hacen por medio del feminismo, los antinatalistas, los ecologistas y demás colectivos. La retórica predominante es que lo hacen con el fin de reducir las poblaciones futuras para que los “recursos sean suficientes”. Para lograr esto, están culpando la maternidad como signo de opresión, la población como cáncer del planeta y de paso, culpan al hombre solo por ser hombre y lo juzgan automáticamente como un violador y maltratador.
Han tenido tanta influencia en la juventud, que está población no encuentra razones hoy en día para formar familia y conservar tradiciones de familiares. EL FEMINISMO, sin lugar a duda, es el principal atacante, desvalorizando la mujer con sus actos repugnantes frente al mundo y buscando que el hombre sea rechazado solo por su anatomía, pues para ellas, todos los hombres son perversos por su simple naturaleza. ¿Qué podría esperar el neonato con sexo masculino, SI es que logra nacer de aquí a unos años?
Claramente Necesitamos un progreso para un bien común; porque SI, existen problemas en la sociedad, pero con un “falso progreso” donde se nos quiere cambiar la moral, los valores y las libertades fundamentales que han funcionado perfectamente hasta hoy, poniendo el Colectivismo por encima de lo individual, No se logra un progreso más extenso; por el contrario, se destruye aquello que ha sostenido la base misma de la evolución del ser humano desde cuando dejo de ser nómada y construyó la era de la agricultura y el comercio, propio de una civilización.
En nuestro progreso, progreso basado en las tradiciones y costumbres transmitidas por y a través de la familia, buscamos conservar lo que ha demostrado funcionar sin imposiciones, y legarlo a nuestros hijos.
Está claro que ningún Estado reemplazara jamás las caricias, las enseñanzas y el calor que brinda una familia.
Es de humanos cambiar y avanzar tanto físicamente como psicológicamente, pero no podemos tener cambios totales que nos lleven a la destrucción de lo natural, necesitamos cambios prudentes, con propósitos y fines claros que sean beneficiosos para la sociedad. El aborto no es más que un falso derecho, pues en el ejercicio de ese falso “DERECHO”, se pierden aquellos que son catalogados como fundamentales y naturales que son: el derecho a la libertad y el derecho a la vida, siendo un “ beneficio” para unos pocos y no para la población en su totalidad.
Dichas personas van exigiendo derechos sin inculcar deberes. Y solo logrando con eso una población mediocre y egoísta, incapaz de asumir responsabilidades por el ejercicio de la toma de decisiones, presentando soluciones fáciles a cualquier inconveniente, “¿no lo quieres? No lo tengas, ¿no tienes para pagar? No lo pagues, que otros paguen por tus decisiones erradas, etc.
Los hombres y las mujeres no somos iguales, ni física ni psicológicamente, cada uno tiene características diferentes que se complementan y eso permite que la familia sea una institución sólida. Las familias sanas generan individuos sanos, por ende estos hacen sociedades y comunidades fuertes, donde se asumen responsabilidades ante unos deberes generados por las decisiones individuales y que fomentan libertades dentro de la ley. Estos individuos creados por familias sanas, son individuos cultos, con valores y sentido de propiedad con su patria, con su familia y con la comunidad que los rodea, donde él existe como individuo y no como un número, como lo hace ver el Estado.
APRENDAMOS A DESCARTAR LO MALO, ADOPTAR LO NUEVO Y CONSERVAR LO BUENO


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