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Cesar y Paloma

por | May 5, 2026 | Opinión | 0 Comentarios

Una voz interior que nos dice o hace lo contrario, Aristóteles.

Los griegos tenían una forma para manejar, administrar dirían los psicólogos del siglo XXI, el dolor que producen las acciones de los seres humanos. Lo llamaron: La solución griega. Primero, tenían claro que las reacciones son el producto de las acciones. Es decir que previamente al resultado final de cualquier circunstancia que se presenta en la vida diaria sus resultados son consecuencia, producto, de las acciones previas.

Segundo sostenían que, por su propia condición humana, el ser humano es proclive a actuar contrario a la sabiduría porque todos tenemos nuestros daimones – demonios naturales – (como el famoso de Sócrates) quienes actúan como una voz interior, destino o poder sobrenatural.

Arendt, en su texto: La condición humana (1958) sostiene que nadie puede llamarse eudaimon porque la eudaimonía (del griego eu, bueno, y daimon, espíritu) es un concepto filosófico que significa «florecimiento humano» o «vida buena» a diferencia del placer efímero siendo un estado duradero de bienestar, realización y propósito profundo, alcanzado a través de la actividad virtuosa, la sabiduría y la excelencia moral.

Según Aristóteles, ser eudamion corresponde a vivir bien mientras dure la vida.

Por lo anterior, al ver la imagen de César Gaviria con Paloma Valencia para recibir el apoyo del régimen congresional que nos condujo al lugar donde nos encontramos por cuenta del apoyo del Partido Liberal quien aprobó todas las reformas desde el día uno al desgobierno amoral, déspota y corrupto del Petro caos y su banda de caníbales que actúan al acecho por el presupuesto nacional como, por ejemplo, doña Francia Márquez quien guarda silencio cómplice frente a los más de 40 atentados que ha sufrido el Cauca; pareciera que en medio de su sado masoquismo Colombia entera, incluida Paloma Valencia, estuviera dispuesta a continuar viviendo mal a tal punto que la misma Paloma no le exige a doña Francia que se pronuncie.

El deplorable espectáculo entregado por Paloma Valencia al aceptar toda clase de acuerdos políticos y politiqueros con la misma casta política que nos trajo al lugar donde nos encontramos porque yo sí sé lo que pasó en el verano pasado cuando don César jugando a ser imperatoris en un palacete de Venecia posó con el entonces candidato de la Colombia Humana, el señor del Petro caos, para brindarle su apoyo electoral a su posterior campaña del 2022; campaña que, por lo demás, ha sido sancionada por el Consejo Nacional Electoral -CNE – por sus irregularidades de financiación por cuenta del papá de los pitufos el señor Roa, hoy flamante presidente de Ecopetrol, llevando a la quiebra a Ecopetrol.

Como la sociedad colombiana no le exige a su clase política y empresarial un mínimo de coherencia ética y moral frente al desajuste social, político y económico que estamos viviendo bajo el desgobierno del señor de los anillos y el Petro caos, entonces Colombia seguirá viviendo mal porque solamente escucha sus demonios internos, en vez de comportarse con la virtud estoica de los griegos.

Un reflejo de lo anterior, la triste y deplorable actitud asumida por Paloma Valencia con el único fin de justificar sus medios – Maquiavelo – para llegar a la presidencia de la república, así como la del partido conservador colombiano aceptando que una fracción de su bancada se afilie a la campaña de Iván Cepeda conducirá a Colombia al lado oscuro de Luna.

Mientras tanto, Cepeda con su minga indígena que lo sigue a todas partes donde va nos anuncia un país constituyente.

Puntilla: Colombia se merece su suerte….

Rafael Gomez Martinez

Rafael Gomez Martinez

Magíster en Comercio Internacional Universidad Sergio Arboleda. Docente universitario en las áreas de micro, macro economía, economía internacional, pensamiento económico, comercio internacional en las Universidades: Sergio Arboleda, UDCA, San Buenaventura, San Martín, Jorge Tadeo Lozano. Asesor en procesos editoriales, comercio exterior y finca raíz. Columnista de opinión en El Nuevo Siglo desde 1995.

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