Seleccionar página

Dónde está Dios cuando la tierra tiembla

por | Ago 13, 2026 | Opinión | 0 Comentarios

El dolor es una experiencia por la que todos atravesamos. Ahora mismo Colombia está con el corazón destrozado y no me imagino lo que sienten quienes han perdido a su familia, amigos, vecinos e incluso la vida misma. Pero tú y yo, aunque no hayamos estado en medio del terremoto, también sabemos lo que es sentir que la tierra tiembla bajo nuestros pies: hay dolores que, aunque tengan otro origen, terminan doliendo igual o incluso más.

 

Y sin duda, en medio de esa tormenta, alguna vez te has preguntado: ¿Dónde está Dios cuando la tierra tiembla?

 

La respuesta puede sorprenderte, pero empieza por creer esto: Dios está contigo. Te abraza, te sostiene y llora a tu lado. Quizás ahora mismo el dolor sea insoportable, pero si sigues respirando, si sigues resistiendo, es porque Él no te ha soltado. Dios no se esconde; está en todas partes y en todo momento. Aunque no lo sientas, permanece junto a ti esperando que puedas experimentar su presencia.

 

La Palabra de Dios nos dejó una historia especial protagonizada por Job, a quien muchos admiran como héroe. Sin embargo, su heroicidad no fue la de vencer gigantes o conquistar ejércitos, sino la de sobrevivir al dolor. Esa misma fuerza la vemos hoy en Colombia, como también la vieron los hermanos venezolanos hace unos meses tras el terremoto de La Guaira.

 

Recordando a Job, él nunca resolvió el misterio de por qué le sucedieron tantos males: era inmensamente rico y perdió todos sus bienes; tenía diez hijos y todos murieron cuando un viento fuerte derrumbó la casa donde estaban reunidos; perdió su salud al verse cubierto de úlceras que lo humillaban ante todos; y sus amigos, lejos de consolarlo, lo juzgaron diciendo que era un castigo merecido, arrebatándole también la reputación.

 

Al leer su historia hay un detalle que suele pasar desapercibido: Job no perdió a su esposa. Ella quedó viva… pero para decirle en su peor momento:

 

«¿Todavía perseveras en tu rectitud? ¡Maldice a Dios y muérete!»

 

(Job 2, 9)

 

En el instante más oscuro de su vida, ni siquiera contó con una voz humana que le diera ánimo para continuar.

 

Hoy podemos tener teorías de por qué ocurren los temblores y las tragedias de la vida, pero nunca tendremos la certeza absoluta de por qué suceden estas cosas. Por eso es válido preguntarnos dónde está Dios cuando nuestro mundo se viene abajo.

 

Job también sintió ese abandono por parte de su Creador y expresó:

 

«Pero voy al oriente, y no está allí; al occidente, y no doy con él. Lo busco en el norte, y no lo encuentro; en el sur, y no consigo verlo.»

 

(Job 23, 8-9)

 

Y aun así, permaneció fiel:

 

«Sin embargo, él conoce mi camino; si me prueba, saldré como oro puro.»

 

(Job 23, 10)

 

Dios permanece a tu lado, con o sin personas a tu alrededor. Muchas veces dependerá del «sí» de alguien más para que te sientas acompañado: para que los rescatistas lleguen a ayudar o para que voluntarios sin experiencia remuevan escombros solo por encontrar a alguien con vida. Habrá otras situaciones donde no se alcanzó a escuchar una voz de aliento; sin embargo, aunque la ayuda humana no haya llegado, Dios permaneció y permanece siempre junto a ellos.

 

Puedes estar solo o sola físicamente, pero jamás espiritualmente. Jesús prometió enviar al Espíritu Santo para que habite en nosotros: no lo ves y tal vez no lo sientas, pero está. Si vives en gracia, habita en ti; por eso la Escritura recuerda que somos templo del Espíritu Santo.

 

Si has llegado a pensar que Dios no entiende tu sufrimiento, basta con mirar la cruz. Jesús, el Hijo de Dios, entiende mejor que nadie tu dolor. El Rey todopoderoso que resucitaba muertos y hacía milagros sufrió el abandono, la humillación, la traición y la muerte. Dios quiso entrar en nuestra herida para enseñarnos que el sufrimiento no tiene la última palabra.

 

Él no está lejos ni es indiferente: se ha camuflado entre quienes rescatan, quienes lloran, en las voces que consuelan, en las manos que sostienen, en los que comparten el pan, en la oración que levanta y en el silencio que acompaña.

 

Debo recordarte el desenlace de la historia de Job, porque así actuará Dios contigo:

 

«El Señor devolvió a Job su prosperidad y duplicó todos los bienes que había tenido.»

 

(Job 42, 10)

 

Nosotros leemos la historia completa de Job y, como conocemos el final, nos sentimos capaces de decirle: «Resiste, Job. Sé fiel, Dios no te ha abandonado». Pero vivir el proceso es distinto cuando no conocemos el desenlace.

 

La gran pregunta para nosotros hoy es: ¿Cómo respondemos tú y yo mientras aún no sabemos el final de nuestra historia?

 

De corazón te pido que no dejes de orar: por ti, por tu familia y por los que hoy sufren. Puede que hoy no entendamos esta etapa del camino, pero Dios sí conoce el final. Y ten la certeza de que ninguna historia entregada a Él termina en derrota.

 

Te amo en el amor del Señor. Que Dios te bendiga.

Mónica Johana Pérez López

Mónica Johana Pérez López

Soy abogada y durante años escribí sobre política y derecho. Luego me fui: cerré mis redes y guardé mis opiniones. En ese silencio me encontré con Dios de una forma real, concreta e incomoda; no como idea, sino como una presencia que atraviesa la vida y la pone en cuestión. Soy Católica y hoy vivo una experiencia misionera, sin dejar de ser abogada. Sigo creyendo en la razón y la justicia, pero escribo desde un lugar donde la fe ya no es un tema aparte, sino un punto de partida. No escribo para convencer. Escribo porque lo que encontré ya no se puede callar... y quizá alguien que no lo buscaba terminé encontrándolo.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *