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Lealtad

por | Abr 8, 2026 | Opinión | 0 Comentarios

La historia del 20 de Julio es conocida por la mayoría de los colombianos, o al menos una pequeña parte de lo ocurrido. Antes de seguir las aventuras de nuestro cura en su iglesia de Tocancipá, quizá sea pertinente proveer algo de contexto histórico.

La historiografía ha interpretado el 20 de Julio de 1810 como el “Grito de Independencia” en Colombia. Lejos de ser un verdadero llamado a eliminar la administración virreinal, este episodio se configuró dentro de los movimientos de juntas que siguieron tras la invasión napoleónica a la península ibérica. Al estar el rey cautivo, una junta de gobierno se designó para gobernar el imperio español, que al ser tan vasto, empujó a territorios e individuos a promover juntas locales para gobernar en nombre de Fernando VII. Así ocurrió en Iberia y en Hispanoamérica, y el 20 de Julio en Santa Fé no fue más que otro intento criollo por establecer una junta local. La diferencia en este caso fue la salida (voluntaria) del virrey Amar y Borbón, lo que le permitió a los “juntistas” cambiar el rumbo y proclamar absoluta independencia meses después. Por ahora este contexto es suficiente para abordar la vida de don Juan Manuel.

Fue durante este momento de cambios que nuestro protagonista tomó una decisión que le daría un vuelco a su vida y cambiaría su futuro. En medio del caos y lealtades cambiantes, cuando todos parecían abandonar el imperio en favor de nuevas ideas republicanas—aunque no fuese esta la realidad—Juan Manuel García hizo de su parroquia un refugio para quienes se opusieron a la Junta de Santa Fé. Ese día hubo golpes, arengas, gritos y hasta piedras para atacar la iglesia de un sacerdote que sólo supo mantenerse fiel. Aunque hoy celebremos la llamada gesta de independencia, es inevitable admirar a un personaje que, sin buscar la gloria, lo arriesgó todo para proteger a sus fieles y a los fieles de “la madre patria.”

En su narrativa, don Juan Manuel se refiere a ese episodio como el primero de tantos en los que procuró defender la monarquía y preservar el orden conocido. Los documentos que sobreviven y que hoy se encuentran esparcidos por archivos entre España y Colombia, revelan varios detalles importantes sobre la historia patria, pero también sobre la condición humana. En primer lugar, la historia que conocemos sobre la independencia es mucho más complicada de lo que pensamos, con importantes matices que ignoramos. Si el 20 de Julio este cura en Tocancipá llenó su parroquia de realistas buscando refugio, ¿cuántos más hicieron lo propio a lo largo del virreinato? La idea de una lucha entre “españoles” y “criollos,” aunque poco a poco se ha desvirtuado, queda obsoleta con narrativas de este tipo. Ese proceso lo iremos abordando junto a las aventuras de este sacerdote.

Por último, la lección que nos deja Juan Manuel García es aquella de la lealtad. Hoy resulta bastante fácil cambiar de bando con rapidez y servir al mejor postor. Cuando hay desafíos o complicaciones, preferimos dejarlo todo y buscar la ruta más sencilla, sin considerar las posibles soluciones o el aprendizaje que vienen de hacer lo difícil. Este cura, aunque pudo apoyar la nueva junta y seguir escalando en la jerarquía eclesiástica, decidió defender a capa y espada lo que valoraba y veía como un noble propósito en su vida. Don Juan Manuel lo arriesgó todo sin esperar nada a cambio, y aunque su determinación luego le costaría exilios y padecimientos, se mantuvo firme en la defensa de sus principios.

¿Cuántos pueden decir que con tanta determinación han defendido hasta el final algo como don Juan Manuel García?

Juan Camilo Vargas

Juan Camilo Vargas

Historiador. PhD. en Historia de la Universidad de Notre Dame. Metal y Mishima.

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