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Quizás no te has perdido porque ni siquiera te me has encontrado

por | Ago 8, 2026 | Opinión | 1 Comentario

Solemos decir que «nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde», refiriéndonos a personas, empleos o momentos. Sin embargo, entre todo lo que has dejado ir, es muy probable que no te hayas dado cuenta de la pérdida más grande: te has perdido a ti mismo.

Y no me refiero a cómo cambiaste después de una relación, un trabajo o una mudanza. Hablo de notar que lo que haces hoy quizás no es lo que soñabas, o de que, aun sintiéndote cómodo, todavía no has hallado aquello para lo cual fuiste diseñado.

Básicamente, estamos y estaremos a la deriva hasta que no hallemos el fin por el cual fuimos creados. ¿Habías pensado en esto? ¿Cuál es ese propósito?

A veces confundimos la vocación con la profesión o el rol que desempeñamos. Adoptamos metas ajenas simplemente porque eran más fáciles, seguras o nos daban la aprobación social, sin reparar en que los demás se dejaron llevar por su entorno o por el camino menos doloroso. Entonces nos llenamos de éxito por fuera, pero por dentro mantenemos un sinsabor.

Y aunque el «¿quién soy?» es una gran pregunta que puede responderse de muchas formas, la única respuesta verdadera es la que Dios entrega al corazón. Él habla de manera clara y contundente, pero para escucharlo es imprescindible abrir el alma.

Abrir el corazón no es solo estar dispuesto a escuchar; es reconocer que el motivo por el que fuiste creado te brinda una plenitud que ni las dificultades podrán borrar u ocultar. A esto se le llama paz: la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento porque proviene del interior y jamás de lo externo. Por eso las apariencias de felicidad pueden convivir con la tristeza, pues se quedan en la superficie.

Hoy me gustaría preguntarte: ¿qué tendría que pasar para que te atrevas a mirar hacia adentro sin miedo y escuchar el susurro de tu propósito?

El primer paso es cuestionártelo, apagar el piloto automático para entender la razón de lo que haces. Pero ten en cuenta algo: si los motivos que encuentras no trascienden o se limitan a lo finito, aún no has encontrado tu razón de ser.

Mónica Johana Pérez López

Mónica Johana Pérez López

Soy abogada y durante años escribí sobre política y derecho. Luego me fui: cerré mis redes y guardé mis opiniones. En ese silencio me encontré con Dios de una forma real, concreta e incomoda; no como idea, sino como una presencia que atraviesa la vida y la pone en cuestión. Soy Católica y hoy vivo una experiencia misionera, sin dejar de ser abogada. Sigo creyendo en la razón y la justicia, pero escribo desde un lugar donde la fe ya no es un tema aparte, sino un punto de partida. No escribo para convencer. Escribo porque lo que encontré ya no se puede callar... y quizá alguien que no lo buscaba terminé encontrándolo.

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