Los algoritmos de recomendación en las redes sociales también alinean patrones para que, con poco o nulo conocimiento de un tema puntual (sin importar el grado académico o la capacidad de raciocinio), pongan a «marchar» multitudes y hagan tambalear conceptos claros y confirmados, haciéndolo ver como una ruptura de paradigmas, teniendo o no criterios validados, dando por cierta “una nueva realidad”, cuando no se cuestiona la fuente y/o la red social puntual de donde se obtuvo información o desinformación, sin discernimiento alguno. Esto conlleva, precisamente, a cierta manipulación de posturas de diferentes ámbitos, evidenciándose más en temas políticos, e incluso religiosos, de salud o de guerras, entre otros. De ahí, la importancia de leer y disfrutar los temas de interés, pero con más razón, buscar acuciosamente información fidedigna, incluyendo formas y opiniones contrarias, puntos de vistas diferentes pues, desde el respeto, se torna realmente enriquecedor, genera mejor entendimiento de un tema y cuestiona si la posición que se toma es o no una convicción, y evita que se reafirme una mentira o una verdad parcializada o polarizada, a solicitud o demanda de personas interesadas en mover masas, sin importar el precio.
Con un 69 % de la población humana con acceso a alguna red social (estadística basada en perfiles activos, de los que, en teoría y sin contar las cuentas automatizadas – bots – o quien crea un segundo correo electrónico / una segunda cuenta hasta para espiar y vigilar a la pareja en medio de las banderas rojas de una relación sentimental), que realmente podría impactar al 57 % de las personas a nivel mundial, se vuelve claro el adagio popular: “¿Pa’ donde va Vicente? Pa’ donde va la…” Resulta increíble tal nivel y cantidad de desinformación, en el momento con más acceso a la información en la historia de la humanidad. Que sea tan fácil emitir un concepto y amplificar narrativas sin ningún sustento científico, lanzarlo en una publicación, buscar reconocimiento, obtener seguidores y tener la capacidad de volverla “una nueva verdad absoluta”, sin oportunidad alguna de ser destronable, con el solo hecho de haberse vuelto viral y establecer, ipso facto, una opinión pública sostenible e indebatible, en medio de las llamadas fake news (noticias falsas).
Del mismo modo, el uso y abuso de la inteligencia artificial – IA – y de los filtros están generando trastornos dismórficos corporales (preocupación continua por la apariencia física y una búsqueda de validación social constante), afectando directamente la imagen corporal, la conducta, la aceptación, el encaje, la interacción social y la autoestima de la gente; personas que terminan siendo totalmente diferentes en la vida real a la virtual, teniendo cada vez más altos los estándares de “belleza” y provocando, especialmente en adolescentes, jóvenes y adultos jóvenes, tristezas, trastorno mixto de ansiedad y depresión, o tendencia a posturas de autolesión o ideaciones suicidas (findahelpline.com), en etapas donde se está madurando el criterio individual y se es más vulnerable “al qué dirán”.
En cuanto a la inmediatez de las redes: un “chulito gris” de entregado, “dos chulitos grises” de recibido y “doble chulito azul” de leído o audio reproducido, al igual que el asumir que las demás personas saben los eventos puntuales e importantes de tu vida porque se montó en el canal, en la historia, el estado, el post, el muro… sin estar seguros de que ambas partes, puedan o no coincidir o conectarse en algún momento de la vigencia de, al menos, las 24 horas de una publicación. Todo esto, disimuladamente, cada vez aleja más a los cercanos y no permite acercar, como se quisiera, a quienes se encuentran lejos. Eventos de discordia y malos entendidos ante la espera de la respuesta inmediata de un mensaje, sin tener presente el tiempo de los demás y sin ni siquiera realizar, aunque sea, una llamada directa cuando hay premura o urgencia.
Por otra parte, desde la ergonomía, los estilos de vida saludables, los patrones adecuados de la conciliación y el mantenimiento del sueño, para prevenir agotamiento y adicciones, se recomienda que en los períodos de ocio el uso de pantallas de computador, tableta o celular no sobrepasen más de dos (2) horas diarias totales, evitarlos desde una hora antes de irse a dormir, restringir su uso a menores de 12 años; mantener los hombros relajados, apoyar los codos, en lo posible; tener el dispositivo a una distancia adecuada y a la altura de los ojos o sin sobrepasar 10 – 15 ° con respecto a la vista frontal, sin inclinar el cuello; cambiando de postura y descansando cada 20 minutos por, al menos, 20 – 30 segundos; en el uso de índole laboral o académico, se rige por el horario de las tareas propias del quehacer diario, y las posturas corporales y las pausas activas son las mismas que las ya mencionadas. Además, evitar su uso mientras se ingieren, al menos, las tres comidas principales; así como evitar ingresar a los servicios sanitarios con los dispositivos móviles para evitar contaminación oro-fecal, posibles infecciones y disfrutar también de los momentos fisiológicos.
Para finalizar, les pregunto: ¿Podrá la inteligencia artificial – IA – «acabar» con lo que conocemos de la humanidad? ¿Qué sigue pasando con el agua – H20 – para garantizar la refrigeración o enfriamiento de los servidores en los centros de datos? ¿Si era tan relevante la cultura del no-papel en el contexto de ayudar al planeta tierra? ¿Exageramos? ¿Somos conscientes de tal avance a nivel «cuántico»? ¿No sabemos aún lo suficiente para proyectar y entender la magnitud de los modelos informáticos y el desarrollo cibernético? ¿Estamos a tiempo de reprogramar o modificar la información actual suministrada? ¿Ya se salió de las manos y estamos en un punto de no retorno?
Ironías de la vida: esta reflexión siendo compartida por redes sociales para sensibilizar de forma masiva.


Mucho de cierto, pero son los nuevos modos de vivir y de convivir. Siempre ha habido cambios en las interacciones humanas y las tecnologías han asustado en su momento, a muchos.
Así mismo han traído cosas maravillosas, a mi modo de ver, por ejemplo, establecer comunicación a través de audios, en lo personal me parece maravilloso por aquello de los tiempos.
Obvio que el impacto social con las tecnologías es fuerte y como el hombre perdió el sentido de lo humano, es ahí donde se aumenta la vulnerabilidad de la especie.
Gracias Santiago por tu artículo, ¡muy bueno!
Tal cual lo dices, Vivi. Comparto tu opinión, los audios permiten entender mejor y disfrutar las emociones, el timbre de la voz y la entonación del interlocutor, y cada uno en sus tiempos va respondiendo, incluso sea por audios tambiéno por textos y hace una conversación, a la distancia, un poco más amena. Tan importante es, que en muchas ocasiones ni siquiera hay necesidad de ponerlo en 1.5x o en 2x y se disfruta en la misma velocidad en la que fue grabada.
Muy interesante esta reflexión, especialmente lo relacionado con la inteligencia artificial y los filtros. Quienes me conocen saben que soy un usuario entusiasta de la IA y que se ha convertido en una herramienta de apoyo casi cotidiana para mí: la utilizo para aprender, estudiar, organizarme, crear, resolver dudas y facilitar muchísimos aspectos de mi vida. Le saco muchísimo provecho y no podría negar todo lo positivo que me aporta.
Precisamente por eso creo que el problema no está necesariamente en la tecnología, sino en la relación que construimos con ella. Aprovechar la IA no debería significar sustituir nuestra capacidad de pensar, relacionarnos o disfrutar de la vida real. Podemos beneficiarnos enormemente de estas herramientas y, al mismo tiempo, saber cuándo cerrar la pantalla, compartir con otros y simplemente estar presentes. Quizás ese sea uno de los grandes retos de esta época: usar la tecnología para ampliar nuestra vida, no para reemplazarla. Excelente tema para debatir.
Mi Santi, la vida con más calma, más contemplación, más detenimiento, más consciencia, sería muy diferente, de acuerdo con lo que planteas. Apoyo los procesos de reflexión.